PODER ADULTO, PRENSA DE OCUPACIÓN E INDEPENDENCIA JUVENIL


      1.- PODER ADULTO.

      ¿Qué es el poder adulto? Es el poder de las personas mayores sobre la infancia y la juventud. Este criterio es tan importante para comprender lo que sigue y muy especialmente en lo que toca a la alienación y manipulación juvenil, que nos extenderemos en su explicación. Hay que partir del hecho de que la casi totalidad de las costumbres sociales, la ideología dominante, el sistema patriarcal, la vida cotidiana, lo que se define por amor y afectividad, etc., es decir, el conjunto de formas de comportamiento y pensamiento oficiales, los que consciente e inconscientemente empleamos a diario y en todo momento, actúan en el sentido de no sólo ocultar la existencia de un poder adulto que extrae una serie de beneficios de la situación de la infancia y de la juventud, sino que, además de este ocultamiento, generan una ilusión falsa de que ese poder adulto es desinteresado, altruista y cuidadoso para con los derechos de la infancia y de la juventud. Pero no es así.

      Una de las dificultades más serias a la hora de comprender qué es el poder adulto radica en que por obvias razones psicológicas, afectivas, emocionales y personales, todos tendemos a analizar este problema desde y para el recuerdo inmediato de nuestros propios padres. Es normal que sea así, que automáticamente y sin desearlo, como un resorte, sólo pensemos en nuestra familia individual en vez de en una realidad colectiva y objetiva formada por una bloque social en el que las personas mayores se comportan de formas casi idénticas con respecto a sus hijas e hijos. Debido a esos factores psicológicos tan profundamente introducidos en nuestra personalidad, somos incapaces de superar la subjetividad individualista, parcial e inmediatista y elevarnos a una visión más amplia y abarcadora desde la que ver el poder adulto como una realidad objetiva al margen de nuestros sentimientos humanos y familiares. Esta incapacidad para dar el salto de los sentimientos a la comprensión teórica logra invisibilizar la existencia del poder adulto. Y no existe poder más efectivo que el que parece que no existe, es decir, que el que actúa de manera invisible, pasando desapercibido.

      En aras de la brevedad, podemos dividir los beneficios que extrae el poder adulto en dos grandes bloques: uno, a nivel general de la sociedad capitalista, crea y reproduce la fuerza de trabajo social necesaria para la asegurar la acumulación ampliada, con todo lo que ello implica y que veremos muy sucintamente en las páginas siguientes y, dos, a nivel particular de los individuos -los padres y la institución familiar patriarco-capitalista-, crea seres humanos que reproducen en su vida personal la alienación que el capitalismo impone a los individuos para facilitar la acumulación ampliada antes citada. Naturalmente, existe una muy estrecha dialéctica entre ambos bloques, del mismo modo que su desenvolvimiento se realiza siempre en contextos nacionales y dentro de relaciones de explotación patriarcales, contextos y relaciones que, por su importancia sobre los medios de manipulación y alienación -oficialmente denominados como "prensa"-, analizaremos más adelante con especial insistencia en sus impactos contra Euskal Herria. También en esta dialéctica entre ambos componentes de una realidad totalizante intervienen los sentimientos, afectos y deseos de las personas concretas de manera que el panorama cotidiano adquiere múltiples formas de manifestación, pero semejante diversidad está en el fondo sujeta al poder capitalista en tanto en cuanto domina la alienación global. Es esta alienación la que hace que la inmensa mayoría de los padres actúen con sus hij@s tal como manda el capitalismo. La buena educación no consiste sino en eso, y el ser un "buen hijo" en lo mismo.

      Peor aún, el poder adulto hace que las mismas personas mayores se comporten como niños indefensos, necesitados de un líder protector y paternal, autoritario o brutal según los casos, que les guía, piensa y decide por ellos en los problemas importantes; un líder que no es sino la trágicamente famosa "imagen del padre ausente", que pese a la distancia material y cronológica está sin embargo en lo más hondo de la personalidad inconsciente y subconsciente. De esta forma, sea mediante el opio religioso o mediante cualquier otra forma de alienación, la "imagen del padre ausente" es el símbolo y la materialización del líder incuestionado y psíquicamente necesitado, del poder asumido y aceptado porque enlaza mediante la "tradición y los valores eternos" con las cadenas de terrores, miedos, angustias, ansiedades, fobias y dependencias de toda índole que se han introducido mediante la educación en la personalidad humana. Es así como se comprende que en la práctica colectiva frecuentemente los adultos se comporten como indefensos niños, que apoyan a poderes dictatoriales y conservadores que objetivamente destrozan sus derechos y libertades materiales, pero que subjetivamente les confortan, protegen y defienden contra las amenazas exteriores. Desde esta perspectiva crítica, la diferencia entre una dictadura y una democracia en el capitalismo radica en que en la dictadura el líder símbolo del padre ausente se mantiene en el poder mucho tiempo, y en una democracia ese líder es cambiado por otros líderes pero sin que la imagen de autoridad y poder en las cuestiones fundamentales de la dictadura de clase de la burguesía sea debilitada y cuestionada.

      1.1.- CAMBIOS EN EL PODER ADULTO.

      Los estudios históricos recientes muestran qué brutales eran los tratos dados por el poder adulto a la infancia y la juventud en la inmensa mayoría de las sociedades clasistas occidentales precapitalistas. Aunque también había tratos que ahora, desde nuestra mentalidad, podemos definir como respetuosos, sin embargo las investigaciones históricas indican que, en la mayoría de los períodos y circunstancias, la infancia y la juventud especialmente de las clases explotadas y oprimidas, han padecido tratos duros y brutales. Pero, todavía más los han sufrido las niñas y las jóvenes porque la dominación patriarcal ha tenido más necesidad de domeñar la resistencia de las mujeres que de los hombres. Desde mediados del siglo XIX en algunos pocos países capitalistas y ya de forma más generalizada desde comienzos del siglo XX, se aprecia un profundo cambio en el trato dado a la infancia y a la juventud. Tienden a desaparecer más o menos lentamente los actos brutales, la indiferencia generalizada y la condena al trabajo esclavizado desde los primeros años, para irse imponiendo el sistema educativo y la institución familiar actual, además de otros sistemas de control social y alienación que reforzaban la efectividad de la educación y de la familia, como reformatorios y centros de trabajo, ejército, talleres y fábricas, juegos competitivos de masa, etcétera.

      Pero la burguesía no masifica la educación para la juventud trabajadora ni genera el mito de la "dulce infancia" -unido al del "instinto maternal"- por altruismo. La burguesía nunca hace nada desinteresadamente, siempre le impulsan los crudos intereses económicos y políticos -de poder de clase- aunque los disfrace con demagogia sobre "derechos humanos" y "derechos democráticos". Los cambios en el trato a la infancia y a la juventud se debieron, grosso modo expuesto, a la interacción de tres factores como son, uno, las reivindicaciones obreras y populares; dos, la imparable tecnologización de la industria, y tres, la victoria de la fracción más lúcida de la burguesía que comprendió la doble ventaja que obtenía reformando algunas cosas y desarrollando el sistema educativo burgués. No hace falta decir que las resistencias de las fracciones más obtusas y cerriles de la burguesía fueron especialmente sólidas en los Estados y países menos desarrollados en la industria capitalista. De cualquier forma, no pensemos que se mejoró cualitativamente la situación infantil y juvenil pues sólo fue un cambio en los sistemas de reproducción del poder adulto respondiendo a las nuevas necesidades capitalistas. De hecho, la nueva "libertad juvenil" no era sino la nueva libertad de explotación industrial que necesitaba la burguesía, y que estaba muy restringida por los códigos y normas preburguesas. De hecho, el nuevo cuidado de la infancia respondía a las advertencias de empresarios, militares, médicos y políticos burgueses de que de una infancia subalimentada, maltratada e ignorante nunca saldrían buenos obreros, fanática carne de cañón y votantes sumisos.

      En síntesis, lo que ocurrió fue la formación histórica de un nuevo poder adulto, esta vez poder adulto burgués, capitalista, no tardo-feudal y menos aún feudal. El surgimiento de un nuevo poder adulto no es posible sino dentro del proceso de asentamiento del modo de producción capitalista y siempre con un cierto retraso debido a la resistencia de antiguas normas e instituciones precapitalistas. Ahora no podemos detenernos en este surgimiento y en la sustitución del anterior poder adulto, aunque sí tenemos que insistir en la pervivencia de algunas viejas normas pero sometidas siempre e indefectiblemente a las nuevas directrices capitalistas. Quiere decir esto que no han desaparecido del todo, y que nunca desaparecerán mientras perduren las relaciones patriarcales básicas y la lógica de la explotación de la infancia y juventud, prácticas brutales como castigos físicos, maltratos y abusos sexuales dentro y fuera de la familia, amenazas afectivas, chantajes emocionales y terrorismo de género consustanciales al sistema familiar patriarco-capitalista, Pero, fundamentalmente y visto el problema a escala de la producción capitalista mundial, que es como hay que estudiarlo siempre, el problema esencial y que determina directa o indirectamente los demás es el de las fluctuaciones de la tasa media de beneficios del capitalismo, de manera que, dependiendo de esas fluctuaciones y de la fuerza y decisión de lucha obrera y popular a nivel planetario, el capitalismo busca y logra en algunos períodos reintroducir formas de explotación esclavista de la infancia y de la juventud en algunas partes del plantea, presionando así a la baja en las condiciones de trabajo en resto del mundo.

      Es decir, sin tener que retroceder al modo de producción esclavista, logra explotar como esclavos modernos a niñas y niños, a jóvenes, frecuentemente con el consentimiento de sus padres, siempre en busca de un mayor beneficio. Es innegable que semejante retroceso inhumano en las condiciones de vida y trabajo no lo lograría nunca el capitalismo sin el apoyo explícito de los poderes estatales de esos países, encargados de imponerlo con la violencia represiva si hiciera falta, y siempre con la intervención masiva de los medios de alienación, propaganda y manipulación. Según los países, sus relaciones de fuerza obrera y popular, su historia de lucha de clases, etc., semejantes retrocesos serán más o menos duros y bestiales, pero allí en donde la burguesía encuentre muchas resistencias utilizará como chantaje los retrocesos superiores en otras zonas del globo, de modo que en unas partes se instaurará una nueva esclavización del trabajo infantil y juvenil y en otras una esclavización encubierta, camuflada, algo menos dura y feroz, pero efectiva, como es el caso de las ETTs y de las múltiples formas de precarización y sobreexplotación actuales. Son estos altibajos y vaivenes en la lucha permanente entre el Capital y el Trabajo los que determinan de múltiples formas y por múltiples vericuetos la vida y el futuro infantil y juvenil.

      Desde esta perspectiva, es obvio que el modo de producción capitalista necesitaba e impuso un nuevo poder adulto básicamente formado por la institución familiar patriarco-capitalista, con sus variantes patriarco-burguesa y pequeño-burguesa, y patriaco-obrera. El que en la actualidad aparezca la variante monoparental, es decir, la formada generalmente por la madre divorciada o separada, no cambia sustancialmente el problema pues el poder adulto sabe adaptarse a esos cambios siempre que se mantenga la dominación estructural patriarco-capitalista. Además de la institución familiar, el poder adulto burgués abarca a otros subpoderes como el profesorado, el médico, el mediático, el represivo... es decir, la totalidad de personas e instituciones adultas que de una u otra manera influyen, condicionan o determinan la vida y el futuro de la infancia y de la juventud. Todos estos subpoderes tienen los mismos intereses esenciales en la creación de una juventud obediente y disciplinada, y todos ellos intervienen a lo largo de su creación, pero también antes del nacimiento de la persona concreta. Esta determinación anterior es fundamental, como vamos a ver ahora mismo, porque muestra que la totalidad social está estructurada de una forma tal que hace que incluso antes de ser concebida la persona concreta esté ya actuando un conjunto de influencias, controles, presiones y disciplinas destinadas a construirla según el modelo burgués, el dominante. Por último, ninguno de los objetivos de la prensa y nada de su forma de funcionamiento se entiende sin esas influencias, como veremos algo más adelante.

      1.2.- DETERMINACIONES Y CONTROL PREVIO:

      Como hemos dicho, el/la joven ya es controlado e influenciado antes incluso de haber nacido. ¿Cómo? Muy sencillo. Por una parte y a escala general, esa influencia y control se pone en marcha dependiendo de las políticas de natalidad establecidas y/o impulsadas por el Estado. Aunque esas políticas no determinen todos y cada uno de los nacimientos y la totalidad del comportamiento social al respecto, sí condicionan las líneas maestras. Sobre todo lo hacen en períodos posteriores a guerras, o en períodos de expansionismo imperialista del bloque de clases dominante en ese Estado. Las políticas de natalidad movilizan muchos recursos propagandísticos, económicos, legislativos, sociales e incluso educativos, y presionan, manipulan y buscan adaptar o cambiar las costumbres y hábitos reproductores a las nuevas directrices diseñadas por el Estado. Es decir, las políticas de natalidad tienen efectos de largo alcance, y dependiendo de múltiples factores que no podemos tocar ahora, permiten en mayor o menos grado a la clase dominante mantener el orden y el control social mediante la planificación adelantada de los grandes cauces por los que deberán moverse las siguientes generaciones. Es en las políticas de natalidad en donde más se comprueba la función del patriarcado y de su institución familiar dentro del capitalismo.

      Por otra parte, cuando no existen políticas de natalidad, o están obsoletas o caducas por lo que fuera, pese a ello, existen otras fuerzas que intervienen en el control previo de la infancia y de la juventud. No podemos olvidar la existencia de estrategias de largo alcance como los presupuestos estatales que condicionan durante períodos largos no sólo las inversiones y los gastos sino también los recursos sociales de las familias, los sistemas educativos, sociales, asistenciales, etc., que pueden cambiarse o remodelarse parcialmente según las presiones y las luchas populares, pero que exigen cambios de mucho calibre que afectan a los presupuestos de años próximos si se busca una transformación cualitativa. Además, las presiones reaccionarias de la Iglesia, las necesidades militares, los intereses de las grandes empresas, es decir, todo ese siniestro universo del capitalismo práctico, con sus fracciones y ramas, esa realidad actúa y vigila permanentemente para que no se resientan sus negocios presentes y futuros. De este modo, ya antes de nacer cada recién nacid@ está dentro de una dinámica de continuidad en el orden y control social dominante, y nada más nacer es@ recién nacid@ es marcad@, numerad@, nombrad@ e identificad@ como "persona", es decir, y dentro de la lógica burguesa, como futura fuerza de trabajo social, al margen de las formas concretas de explotación que llegue a padecer. Será la evolución de las contradicciones sociales de todo tipo la que decida el desarrollo concreto de esa "persona", incluida en algunos casos en esa evolución su propia intervención consciente.

      Por último, el tercer nivel es precisamente el que interviene ya de forma directa e inmediata en el control no sólo del ser humano que va a nacer sino fundamentalmente de sus padres y familiares en cuanto parte del poder adulto. Los dos niveles anteriores, y otros más, hacen que la inmensa mayoría de las personas hayan asumido el ideal de la familia patriarco-capitalista como modelo lógico, único y deseado de relaciones. Dentro de ese modelo tener un@ o dos hij@s es deseado, lógico y obligado. Y se tienen no sólo para satisfacer ese deseo sino además como inversión para el futuro. En las sociedades precapitalistas tener much@s hij@s era la más segura garantía de futuro para la vejez en el sentido directo de poder comer y calentarse; en las sociedades capitalistas eso está cambiando algo en lo cuantitativo pero no en lo cualitativo. Ahora ya no son necesari@s tantos hij@s como antes porque los sistemas de jubilación aseguran mal que bien el futuro, aunque siempre es bueno contar con la ayuda de l@s hij@s en un caso desesperado; pero, por la propia evolución del capitalismo, ahora es cada vez más necesaria la ayuda psicológica, afectiva y de compañía siquiera moral de l@s hij@s durante la vejez de los padres. Mientras que antes eran más que nada una inversión material para el futuro, ahora cada vez son más una inversión psicoafectiva para un futuro en el que la soledad de las personas mayores es el peor de los castigos. Lo grave de este cambio lento pero imparable es que la inmensa mayoría de las personas mayores no son conscientes de que actúan así por y para su propio egoísmo y miedo a la soledad en su vejez y, simultáneamente, para perpetuar el modo de producción capitalista.

      No negamos la existencia de "amor paternal" y "amor maternal", sino que, en la sociedad capitalista desarrollada, ese "amor" es el simple envolvente subjetivo e ideológico de las normas dominantes de comportamiento reproductivo, aunque las personas crean fervientemente en un "amor" en cuyo nombre much@s hij@s son idealizados mentalmente antes de ser incluso concebidos. Pero no es una idealización pura y metafísica, sino que refleja la personalidad de los padres, sus deseos y sueños casi siempre fracasados, y también sus egoísmos. Tal idealización -realizada desde dentro de la ideología dominante, burguesa- justificará luego las disciplinas, controles, vigilancias, presiones y violencias educativas que sufran l@s hij@s para que "triunfen en la vida", éxito que es la mejor garantía que tienen los padres para compensar el esfuerzo inversor realizado, aunque no sean conscientes de ello. Es una idealización centrada en el elemental criterio burgués de beneficio e inversión en una vida entendida como negocio. La propia idealización del "amor" está repleta de ese contenido de propiedad privada, de egoísmo y de control para rentabilizar los beneficios materiales y psicoafectivos que se pueden extraer en el presente y en el futuro. No hace falta decir que esta situación empeora cuando l@s hij@s han sido concebidos sin apenas ilusiones, impuestos por la ignorancia, la rutina o la opresión patriarcal. En estos casos tan frecuentes desaparece o es muy débil toda idealización y se impone desde el principio la férrea y mecánica rutina del orden burgués.

      Los tres niveles vistos, así como la totalidad del sistema en su desenvolvimiento cotidiano, hacen que, como venimos insistiendo, ya antes de nacer la persona concreta está bajo determinaciones, presiones y controles del poder capitalista. Con esto no negamos la libertad humana, sino que precisamente resaltamos su valor, mérito e importancia al comprender qué gran cantidad y calidad de obstáculos ha de superar. Y con esto, además, en el tema que tratamos, comprendemos la importancia extrema de la desalienación juvenil y por tanto, de su independización práctica y teórica de los medios de manipulación y propaganda del poder.

      1.3.- ESTRUCTURA PSIQUICA JUVENIL ALIENADA,

      Generalmente y como si fuera una verdad incuestionable, se cree que son las personas adultas las que asumen y viven en la alienación, mientras que l@s jóvenes son l@s rebeldes. Pero estamos hablando de una creencia, de una falsa verdad que la gente acepta sin prueba alguna, es más, frecuentemente contra gran cantidad de evidencias que demuestran lo opuesto. Sin poder extendernos en lo que es la alienación, si conviene decir que, en el tema que tratamos, la alienación es el proceso y la situación por la que y en la que una persona cree y se comporta según el criterio de que su valía humana no está determinada ni en función por y de su capacidad de aportar a la felicidad y libertad propia y de las demás, sino en función de su capacidad de ganar dinero y enriquecerse e imponerse sobre las demás al precio que sea. Según esta definición, la alienación surge y se mantiene cuando y durante el tiempo en el que la persona, sea adulta o adolescente, vive --malvive-- en función del dinero o de todo aquello que directa o indirectamente tenga que ver con el dinero.

      Pues bien, dejando ya el mundo de los adultos, todo el proceso anteriormente analizado sobre el control de la juventud desde antes de su nacimiento está pensado para alienar a esa juventud. No se trata tanto, e insistimos en este aspecto básico, de que la voluntad consciente de los padres concretos sea la de alienar premeditadamente a sus hij@s, sabiendo que lo hacen, por qué y para qué lo hacen. No. La inmensa mayoría de ellos no son conscientes de la gravedad del problema y menos aún de los perniciosos efectos que sobre sus hij@s tendrá la alienación, que es una de las causas fundamentales -junto a la explotación del trabajo y las opresiones en general- del creciente malestar mental y físico existente en la sociedad. Como hemos intentado explicar arriba, los padres en su inmensa mayoría se limitan a actuar mecánica y ciegamente, como autómatas que reproducen en sus hij@s la personalidad alienada que ellos ya padecen en sí mismos y que recibieron de sus abuelo@s.. En este caso, como en tanto otros, podemos entender el problema afirmando, con Marx, que son "máquinas que fabrican máquinas": ellos son las máquinas que fabrican otras máquinas que son sus hij@s. La alienación, por tanto, se reproduce a sí misma mediante los padres alienados que alienan a sus hij@s, quienes a su vez, alienarán a sus niet@s.

      Naturalmente, el proceso es, por un lado, bastante más complejo y, por otro, no es ni lineal ni automático, sino que tiene cortes, se rompe y estalla cuando la gente lucha contra la alienación, cuando una madre se emancipa y es detenida por militante abertzale, por ejemplo. Queremos decir, primero, que bastantes abuel@s y padres han luchado contra esa alienación enseñando a sus hij@s y niet@s la importancia clave de una vida digna, y, segundo, precisamente para evitar que est@s últim@s sigan su ejemplo y peor aún se lo enseñen a sus descendientes, por eso el poder capitalista dedica tantos esfuerzos para lograr que el poder adulto existente en cada momento aumente la producción de estructuras psíquicas alienadas. Hemos dicho que debe aumentar la producción de alienación colectiva porque, como veremos en su momento, y en contra de lo que se cree, el capitalismo no puede sobrevivir como sistema si se limita a mantener el mismo nivel de alienación. Las razones de esa necesidad ciega las veremos con más detalle luego porque son fundamentales para comprender el papel creciente de los medios de alienación de masas y en especial de la juventud.

      Antes de seguir conviene responder a la pregunta ¿qué es la estructura psíquica de masas? Es el conjunto de pautas de interpretación y comportamiento fundamentalmente inconscientes y subconscientes que dominan en las amplias masas de una sociedad durante un período relativamente largo de tiempo. Según sea la estructura psíquica de masas, éstas tenderán a comportarse e interpretar la realidad de una forma u otra, pero siempre dentro y según los valores, prejuicios, miedos, deseos, anhelos, angustias, fobias y filias, etc., que dominan en esa estructura psíquica. Lo importante del problema es saber que el grueso de esa estructura es inconsciente y subconsciente, y sólo una parte es consciente, es decir, que desgraciada pero realmente, muchos actos y pensamientos colectivos e individuales están condicionados por factores de personalidad más o menos profunda y relativamente difícil de controlar y dirigir desde la consciencia y la lucidez de pensamiento. No vamos a insistir ahora en que la alienación tiene mucho que ver y mucho papel en la estructura psíquica de masas alienada porque es una obviedad tautológica. Sí debemos insistir en dos cosas como son, una, que la estructura psíquica alienada es especialmente manipulable, dirigible e influenciable por el poder y, otra, que la juventud padece una especial presión global para que su personalidad sea parte de la estructura psíquica colectiva alienada. Oficialmente, esa presión es ocultada bajo el nombre de educación.

      ¿En qué consiste la estructura psíquica juvenil alienada? Téngase en cuenta que ahora y aquí nos ceñimos a la juventud y no a la infancia, tanto por los determinantes cambios cualitativos que existen entre ambos períodos, como por lo imposible que nos resulta ahora extender el análisis a la infancia. Pues bien, la estructura psíquica alienada consiste en la dependencia psíquica del/a joven hacia el poder adulto, es decir, el/la joven alienad@ que necesita antes que nada contar con autoridad, permiso o consentimiento para pensar por su cuenta y hacer lo que piensa que es correcto. Desde luego que, como venimos insistiendo, la inmensa mayoría de los padres no quieren alienar e idiotizar a sus hij@s, pero lo hacen sin quererlo y sus hij@s jóvenes ya han sido maleducad@s, alienad@s e idiotizad@s desde su primera niñez. Pues bien, la personalidad juvenil alienada es la que depende psicológicamente del poder adulto aun cuando disponga de informaciones, datos, hechos, ayudas, recursos, posibilidades y realidades que le demuestren la conveniencia y sobre todo la necesidad de independizarse críticamente de ese poder. Tod@s conocemos multitud de estos casos, muchos patéticos y dramáticos, porque la consciencia de la urgente emancipación e independencia que siente es@ joven es sin embargo aplastada y reprimida, también, sublimada y reorientada por las fuerzas subconscientes e inconscientes. Tales cadenas psicológicas, que le imposibilitan pensar y actuar independientemente, se presentan bajo múltiples formas y en múltiples cuestiones, pero, en esencia, hacen que es@ joven sea psíquicamente incapaz de desarrollar una consciencia de sí mism@, una autoconsciencia.

      A partir de aquí, todo el comportamiento juvenil queda limitado en su esencia, aunque tenga determinadas áreas o prácticas en las que sí puede ofrecer cierta resistencia o disponer de alguna autonomía tolerada por el poder adulto, pero nunca la independencia psíquica básica. Esa autonomía tolerada y hasta potenciada por el sistema capitalista y el poder adulto, tema clave al que volveremos en su momento por la excepcional importancia que tienen los medios de manipulación en esa trampa, y esas resistencias siempre controladas más o menos de cerca, es lo que el poder adulto define como "rebeldía juvenil" o en un término más significativo por lo que denota: "pecados de juventud". Quiere ello decir que, en primer lugar, el poder adulto sabe que la "rebeldía juvenil" es en la inmensa mayoría de casos una rabieta más o menos pasajera y transitoria, que refleja los límites periódicos de los sistemas de control y represión ante el potencial inherente a la juventud; y, en segundo lugar, como esa "rebeldía juvenil" es en la inmensa mayoría de los casos una "enfermedad de juventud", el poder adulto termina tarde o temprano integrándolos e incluso, cuando el/la joven se ha arrepentido y ha asumido su culpa, el poder le perdona y utiliza ese arrepentimiento como propaganda de su tolerancia integradora, como "vuelta a la casa del padre".

      1.4.- ¿DIÁLOGO JOVEN-ADULTO?

      Aunque es obvio a estas alturas del texto que no puede existir un diálogo entre jóvenes y el poder adulto, pese a ello, sí tenemos que profundizar un poco en la pregunta porque hay una diferencia que debemos reseñar y es la que existe entre, por un lado, un/a joven que dialoga con los padres, y muy especialmente en el caso de las jóvenes las madres y las demás mujeres adultas conocidas, o sea, el entorno de amistades y personas conocidas con las que el/la joven establece contacto y de las cuales recibe no sólo informaciones y consejos, sino sobre todo muchos referentes históricos, nacionales, lingüístico-culturales, clasistas y sociales, sexuales y amorosos, etc., con sus contradicciones y deficiencias inevitables provenientes de la alienación más o menos aguda que esas personas padecen; y por otro lado, es@ joven que pretende dialogar con el poder adulto en cuanto tal, como fuerza que es mucho más que la simple suma de los adultos individuales. Esta diferencia se agudiza precisamente cuando la opresión patriarcal hace que el poder adulto sea enemigo declarado de lo que una mujer emancipada, sobre todo si es la madre, puede enseñar y enriquecer a sus hijas y amigas, también cuando ese poder adulto es el poder del Estado nacionalmente opresor y que por tanto defiende no la identidad nacional de los padres y amig@s mayores del/la joven sino los de los adultos de la nación opresora, y otro tanto pero en su escala hay que decir del poder adulto burgués impuesto a la juventud trabajadora y proletaria nacionalmente oprimida y con sus compañeras y amigas oprimidas por el patriarcado, y frecuentemente por ellos mismos.

      Ahora bien, incluso en el primer nivel del problema, en el del diálogo del/a joven con el mundo adulto circundante, con sus padres, etc., son abismales las diferencias en medios de información y contrastación en el proceso del diálogo. De entre las muchas dificultades entresacamos: una, las enormes distancias vivenciales y de experiencias acumuladas durante la vida; otra, el grado de alienación, conservadurismo, autoritarismo y reaccionarismo del mundo circundante con el que se pretende dialogar; además, como extensión particular de este punto, las relaciones familiares internas que condicionan toda comunicación y que a su vez están condicionadas por situaciones económicas, culturales, sociales que sería largo resumir aquí; tampoco hay que olvidar, por el lado del/a joven, que su propia estructura psíquica más o menos alienada y obediente le imposibilita o merma grandemente cualquier reflexión crítica racionalizada básica para un mínimo diálogo entre iguales, y, por último, las extremas dificultades por no decir la imposibilidad de que la juventud autoorganizada elabore ella misma un estudio radical de sus condiciones de vida, estudio sin el cual no se puede ofrecer a cada joven particular la información necesaria para evaluar, contrastar, contradecir y superar las razones de los adultos cercanos.

      Mientras que esas y otras dificultades nos remiten de una u otra forma al poder adulto, la última está directamente relacionada con dicho poder porque, ya en este nivel, intervienen estructuras políticas organizadas, aparatos de desinformación y manipulación, sistemas educativos y universitarios, la propia jungla burocrática del Estado y su impenetrable enmarañamiento funcionarial, etc. Queremos decir que el poder adulto no sólo tiene la obsesión por ahogar a la juventud en el océano de la ignorancia sobre la realidad que sufre, sino que necesita destruir su independencia autoorganizada, único método que le permite hacer práctica y teóricamente una crítica radical de su situación. Más de un/a lector/a se preguntará si ha existido alguna vez efectivamente esa capacidad de autoorganización juvenil. La respuesta es que sí, que esa autoorganización es una característica de los procesos revolucionarios en ascenso, al igual que por el lado antagónico es una característica del poder adulto atacar con saña a la independencia juvenil.

      La pregunta no es casual porque la inmensa mayoría de la juventud desconoce esas experiencias históricas debido a que, de un lado, sus padres y conocid@s apenas se las han enseñado pues, por lo general, las personas adultas ocultan ante sus hij@s las derrotas políticas y sociales que sufrieron cuando eran jóvenes, y de otro lado, sobre ese silencio intergeneracional tan pernicioso, el poder adulto construye una historia falsa en la que o bien ha desaparecido la experiencia autoorganizativa de la juventud anterior, la de los padres derrotados, y con ella sus lecciones imprescindibles para l@s jóvenes posteriores, o bien esa experiencia es totalmente falsificada y manipulada. Son varias las razones por las que los adultos ocultan sus derrotas a l@s jóvenes, y van desde el miedo a enfrentarse con su propio pasado, lo que les exigiría una autocrítica sobre porqué se han alienado en la pasividad y el derrotismo, hasta el miedo a que sus hij@s tomen conciencia de la realidad y entren en la lucha juvenil, con los riesgos que ello acarrea. Lo cierto es que un enormemente rico caudal de experiencias y lecciones que facilitarían sobremanera la emancipación juvenil y humana, queda fuera del conocimiento de cada generación juvenil, obligándole casi o del todo a empezar de nuevo. Sin embargo, existe una y total razón por la que el poder adulto silencia y/o manipula esas experiencias históricas: la necesidad de que no se repitan y menos aún mejoradas. No hace falta decir que tanto en una u otra posibilidad juegan un papel fundamental los medios alienadores y manipuladores.

      1.5.- JUVENTUD ENVEJECIDA:

      Debido a todo lo anterior, frecuentemente vemos a una juventud ya envejecida, es decir, que ha asumido todos los comportamientos característicos de los adultos aunque estos no sean aún calificados como "viejos" o de la "tercera edad". Tenemos un ejemplo fácil de lo que es una juventud vieja: las llamadas "nuevas generaciones" del Partido Popular, y en general, las "organizaciones juveniles" no sólo de los partidos conservadores y reaccionarios, sino también de los reformistas, por no hablar de los grupos juveniles de la Iglesia. Pero es un ejemplo tan fácil que no nos permite conocer lo que realmente sucede en las inmensas masas juveniles, las pertenecientes a las clases trabajadoras y que no participan en esos grupos.

      Por juventud envejecida no hay que entender sólo ni únicamente, como hemos dicho, la tópica imagen de un/a joven de derechas, -contrasentido tan incomprensible como la virginidad de María o el misterio de la Santísima Trinidad- ni tampoco aunque se acerca más a la gravedad del problema, la imagen de la juventud amorfa, consumista e indiferente de las grandes barriadas populares que deambula del centro de estudio a su casa pasando por el bar y la discoteca, sino, en esencia, la juventud que al margen de cómo vaya vestida y qué y cómo consuma, está ya dominada por una estructura psíquica alienada, según hemos intentado exponer arriba. Por esto, la juventud envejecida puede perfectamente estar al último grito en las modas musicales más "rebeldes", y en las formas de vestir más insolentes y provocadoras, o puede también conocer muy bien los entresijos de las nuevas tecnologías de telecomunicación interactiva, y mantener contactos con otr@s jóvenes del capitalismo desarrollado; también pueden ser jóvenes envejecidos prematuramente los que participan en grupos de intercambio sexual colectivo y supuestamente "transgresor" con la sexualidad oficial, o los que militan con buena fe en las ONGs y en eso que se denomina "voluntariado social", etc. ¿Y qué decir de los llamados "delincuentes sociales", o de las tribus urbanas, o de los grupos de jóvenes que sin ser drogadictos en el sentido fuerte sí están atados ya por algunas dependencias de adicción?

      La juventud envejecida puede dominar y practicar estas y otras muchas formas de "realizarse en la vida" porque lo que le define es la obediencia inconsciente al orden burgués aun cuando en algunas de sus acciones aparente una "rebeldía" más o menos llamativa, estentórea y provocativa. Es un/a joven envejecid@ porque no cuestiona un hecho básico: que la sociedad burguesa ha industrializado toda su vida cotidiana de comportamiento integrado que beneficia al capitalismo y que presenta tantas ofertas diferentes de consumismo como formas posibles de consumir tiene el mercado de la alienación juvenil, de las modas siempre pasajeras y cada vez más fugaces e insustanciales. Independiente de lo que es@ joven piense subjetivamente de sí mism@, su práctica objetiva es la de acelerar el proceso capitalista; al margen de lo que crea que está haciendo cuando se viste de tal o cual manera, o "gamberrea" en una tribu urbana, o cualquier otro acto de "rebeldía", en la práctica objetiva está moviéndose dentro de los cauces establecidos por el sistema capitalista. Cuando analizamos más en detalle dichos cauces y vemos la función que en ellos tienen la opresión patriarcal y nacional, entonces comprendemos más plenamente cómo la mayoría de esos actos juveniles -y eso que hemos dejado sin citar los "normales"- en modo alguno suponen un peligro para el sistema.

      Decimos que son la mayoría los que no ponen en peligro al sistema porque también decimos que sí existe una minoría de actos y pensamientos, sobre todo sentimientos de resistencia a la injusticia más o menos difusos e imprecisos, es decir, no pensamientos teóricos, que pueden avanzar hacia una práctica verdaderamente juvenil, radical e inasimilable. Hay que comprender que una característica de la juventud es que sufre en su interior la contradicción explosiva entre, de un lado, su natural fuerza psicofísica expansiva, y de otro lado, la represión y alienación introducida artificialmente en su estructura psíquica que constriñe y presiona esa natural fuerza expansiva. Resultado de dicha contradicción es la tensión diaria entre unas ganas de hacer cosas y dar marcha al cuerpo y las cadenas coercitivas impuestas por la educación. Así, la juventud sigue necesitando, en tanto que psicofísicamente joven, dar rienda suelta a sus ansias expansivas pero, en tanto psíquicamente alienada, tiene miedo y pavor irracional a esas prácticas de libertad. Muchos comportamientos en apariencia incompresibles e irracionales, oficialmente "delictivos" o "enfermos", del/la joven tienen su razón y su lógica en las cruentas pugnas emocionales, afectivas y psicofísicas que se libran en su interior. En la medida en que el capitalismo exige para sí más y más beneficio, en esa medida aumenta el dictado alienador y con él, toda serie de problemas, dramas y tragedias psicológicas o "enfermedades psíquicas" en la juventud y en los adultos, como las denomina el orden médico burgués.

      Cuando los componentes expansivos van siendo domeñados y controlados, amaestrados, para hacer de es@ joven simple fuerza de trabajo social, el ritmo de envejecimiento es el ritmo de la caída de la humanización libre y critica a la deshumanización alienada y obediente. Semejante caída en el abismo de la derrota vital no es fulminante sino que encuentra más o menos resistencias y hasta fracasa en algunos casos, pero en la mayoría de ellos es fácil seguir sus hitos fundamentales como son, básicamente, los momentos en los que el/la joven ha de optar por seguir la vía impuesta por el poder adulto: empezar a participar en actos y grupos juveniles de barrio que no son bien vistos por los padres; dar el salto a la militancia en una organización juvenil revolucionaria pese a la prohibición de los padres; salir de la casa familiar o seguir dentro con sus horarios y limitaciones; aceptar o rechazar los estudios impuestos por los padres; aceptar o rechazar un trabajo impuesto y que anula cualquier posibilidad de militancia; aceptar o rechazar el noviazgo oficial; aceptar o rechazar el matrimonio oficial con todo lo que implica; etc. Y es fácil seguir esos hitos porque corresponden objetivamente a las pautas cotidianas de integración de la juventud en el proceso de explotación práctica. Desde luego que se trata de una pauta media que admite y se expresa con muchas variables y diferencias según situaciones y necesidades del capital, pero por dentro de esas variaciones existe una dinámica estructurante objetiva. Pues bien, esos momentos en los que el/la joven ha de optar por una vía impuesta, la tradicional, la que quieren la inmensa mayoría de los padres y el poder adulto, o por la vía que el/ella desea, son los que indican como va el proceso de emancipación juvenil o de su envejecimiento.

      El poder adulto también conoce esta realidad y ha tomado sus medidas precautorias con bastante antelación. Una de las más efectivas, y de las más silenciadas por la propaganda adulta, es la del terror afectivo, emocional, psicológico y simbólico al que es sometido el ser humano desde que nace dentro de la institución familiar patriarco-burguesa, y también, obviamente, terror físico aunque sus gamas de intensidad varíen según los casos. La dependencia psicológica y afectiva -"amor filial", le llaman- hacia la familia patriarco-burguesa es uno de los recursos disciplinadores más efectivos de que dispone el sistema actual. Aunque los padres no lo quieran ni lo sepan, en la medida en que no militan activamente contra el orden patriarco-burgués y su orden educativo totalitarista y en la medida en que no se esfuerzan por darles otra educación opuesta, liberadora y verdaderamente amorosa, en esa medida, el "amor filial" que infectan en sus hij@s es una muy devastadora fuerza coactiva que, desde dentro mismo de la estructura psíquica juvenil, aterroriza al/la joven con la angustia de perder el "amor familiar" en los momentos de tomar decisiones importantes y que contradicen no sólo al orden adulto sino a la autoridad paterna.

      No nos engañemos, es en los años que transcurren desde el nacimiento hasta la adolescencia cuando el ser humano es sometido a las dosis más altas de terror simbólico-material. Con la excusa de educarle en la higiene, en la comida, en la puntualidad, etc., desde sus primeros meses de vida, hasta las exigencias de todo tipo para que termine claudicando al sistema burgués, a su explotación y tiempo asalariado, a la cultura de la clase dominante y del Estado invasor, etc., a lo largo de este proceso vital las dosis de terror simbólico y material son aplicadas de forma implacable, y en medio de su indefensión absoluta. El caso es terriblemente peor en y contra las niñas y las mujeres jóvenes, que encima han de sufrir las presiones del sistema patriarcal. De adulto y de viejo, el terror simbólico ya está suficientemente anclado en las profundidades irracionales de la estructura psíquica, pero aún así, según los casos, periódicamente es activado y fortalecido por los medios de propaganda y por esa transnacional del pavor y del pánico simbólico que es el cristianismo. El terror físico también es activado y aplicado periódicamente en una gama que va desde la simple amenaza encubierta hasta la brutalidad represiva.


      2.- MEDIOS DE COMUNICACIÓN E IMPOSICIÓN

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